19 feb 2012

ENSAYO DEL CRATILO DE PLATON


LA PROPIEDAD DE LOS NOMBRES DE LAS COSAS

¿De dónde vienen los nombres de las cosas?, ¿Quién les coloco esos nombres?, ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué una mesa es una mesa y no es una silla? ¿Por qué el amarillo es amarillo y no una camisa?, son preguntas que desde la época de los “porque” infantiles, hicimos a nuestros padres, inclusive, aun en esa etapa, desde lo primitivo e inmaduro y faltos de esquemas mentales que fuesen nuestros pensamientos, nos lo preguntamos.
De los representantes de la filosofía, se considera, según Alfred North Whitehead, matemático y filósofo ingles, que la caracterización general más segura de la tradición filosófica europea es que consiste en una serie de notas al pie a Platón, pues este, Cratilo, no sería lo de menos.
Caracterizado principalmente por la dialéctica, donde utiliza opiniones en oposición y esa es la razón para no manejar una verdad absoluta durante el desarrollo del texto, la verdad siempre se encuentra en movimiento, cambia, se transforma,  es una cualidad: no hay definitivamente nada quieto, entonces ¿La verdad es fluctuante?, o mejor sigamos al gran alumno del gran maestro ¿solo sé que nada se?
Tres personajes principales: Cratilo, Hermogenes y Sócrates, los tres contextualizados en un momento actual con tiempos diferentes y un narrador presente que se mantiene en la postura de transcriptor, sin interferir ni mucho menos opinar.
¿Son los nombres exactos por naturaleza, porque hay identidad absoluta entre el nombre y la cosa? (Cratilo) O ¿Los nombres son siempre exactos, pero no por naturaleza, sino por medio de la convención entre los miembros pertenecientes a la comunidad de hablantes? (Hermogenes).
¿Naturaleza o Convención? He allí, más bien el dilema.
Se considera que el lenguaje fue evolucionando a medida que el hombre también así lo hizo y obviamente dependiendo de las necesidades que se fueron generando, así también se fueron construyendo y creando nuevas cosas, por ende en esa medida se tuvo que ir nombrando cada cosa, en este sentido, se pueden decir que los nombres surgen de ambas cosas, de la naturaleza ( una necesidad que lleva al desarrollo de una herramienta o elemento que sacie dicha necesidad) una convención ( una evolución propia de la necesidad que conlleva al desarrollo y evolución de nuevas tecnologías según necesidades, recursos y época).
Claro o no, los nombres no son arbitrarios y subsisten en sí mismos según su esencia y su constitución natural.  
Pero lo que sí es claro, es que el autor de los primeros nombres tenia la ciencia de las cosas sin los nombres, al igual que hoy y a través del tiempo, inventar, innovar, crear, suscitan a nuevos nombres para las cosas  y dependiendo de las áreas, así son nombrados, tecnología o ciencia, arte  o deportes, día a día, no solo se nombran, sino que también se dan significados a los nombres, terminando a fin de cuentas por ser el nombre el signo de la cosa nombrada, porque representa su esencia.
Dice Sócrates: - Pero dime a continuación todavía una cosa: ¿Cuál es, para nosotros, la función que tienen los nombres y cual decimos que es su hermoso resultado?
Responde Cratilo: - Creo que enseñar, Sócrates. Y esto es muy simple, el que conoce los nombres, conoce también las cosas.
Platón en todo este discurso tiene como su objetivo final, “enseñar”, enseñar sobre las distintas formas a través de las cuales se puede adquirir un conocimiento, y al final poder, aun sin confirmar como una verdad o no, lo que se tiene entendido que es la propiedad del nombre de las cosas.


1 comentario:

  1. El texto ateinde más a una reflexión, por cierto muy bien fundamentada. En el ensayo se deja notar más sus opiniones.

    Nota 4.0

    ResponderEliminar